Huáscar Sologuren | El pasado miércoles 19 de junio se presentó en una asamblea abierta en la plaza de Lavapiés a los nuevos Bloques en Lucha. A Argumosa 11, primer bloque en constituirse, se han unido ya, 8 bloques más. Un frente en común de bloques en lucha contra la especulación en los barrios. En la asamblea las vecinas afectadas por las expulsiones se expresaron abiertamente a las presentes en la plaza (apoyadas por el Sindicato de Inquilinas, la PAH y los Bloques en Lucha), sus inquietudes, sus preocupaciones, sus miedos y sus esperanzas. La asamblea recordó a los viejos tiempos del 15M, unas ochenta personas sentadas en una plaza, manifestando sus puntos de vista y estrategias de futuro. La asamblea sirvió como un espacio común de empoderamiento de las vecinas, y como fuente de moral para el movimiento de la vivienda después de los luctuosos acontecimientos del desahucio de Argumosa el pasado 11 de febrero de este año.

 

La mafia Neoliberal

Vivimos en un contexto económico mundial donde las tendencias urbanísticas en las principales ciudades están expulsando a las vecinas de sus hogares de toda la vida. Esta tendencia que descansa en la ideología neoliberal que, como un post moderno rey Midas todo lo que toca lo convierte en mercancía, y donde la vivienda no iba a ser una excepción. Lo que puede sorprender en este contexto es la desprotección que sufrimos por parte del Estado, que no solo dejar actuar libremente a estas tendencias depredadoras, sino que además las apoya, y el caso del desahucio de Pepi y las demás vecinas de Argumosa 11 fue un claro ejemplo.

Esta plaga urbanística con la aquiescencia del Estado ya no solo afecta al centro de Madrid sino que se extiende como una plaga por los barrios de Usera, Vallecas, Carabanchel, y demás barrios de la “periferia” madrileña, y es que la codicia neoliberal no tiene fronteras.

Ana, vecina de Toledo 77, uno de los bloques en lucha, relata el modus operandi de esta mafia. Primero mandan un burofax con incrementos inasumibles del alquiler, en torno al 33%, llegando en algunos casos a más del 100%, lo que Ana denomina “desahucio invisible” ya que no se trata de una expulsión directa, sino que se echa a las vecinas por sus incapacidades económicas de asumir los incrementos del alquiler. Otra característica es la opacidad, ya que las inquilinas no suelen tratar con los propietarios directamente sino con los porteros o los administradores de las fincas. Los verdaderos tenedores de los inmuebles, normalmente fondos buitres y de inversión, como buenos padrinos sicilianos, actúan en la oscuridad y manda a sus emisarios permaneciendo ellos en las sombras y el anonimato. Como es el caso Ana, ya que ella ha sufrido personalmente engaños, intimidaciones y comunicaciones con lenguaje amenazador por parte de los testaferros de los tenedores. Tanto es así que Ana misma relata que “abro los e-mail de mi casero cuando estoy con mis vecinas para así tener apoyo moral”. Ana también cuenta que sobre el 30% y el 40% de las viviendas de los bloques de Toledo 77 y Santa Ana 6 están dedicadas a “vivienda turística de forma ilegal”, hecho que ha sido denunciado y el Estado no actúa al respecto.

Otro aspecto que permanece invisibilizado y que Ana cree que es fundamental y que apenas se ha politizado y, que “sí se debería hacer”, es la cuestión de las enfermedades mentales que sobre todo afecta a las persona más ancianas por todo este proceso de expulsión de sus hogares. Un caso sangrante que manifiesta Ana es el de Luisa, una vecina de Toledo 77, de 81 años, y que lleva viviendo en el inmueble desde el año 41. Ahora la expulsan sin ningún miramiento, incrementándole el precio del alquiler en una cifra inalcanzable, y dejándola en la calle sin ninguna alternativa ya que no tiene familiares cercanos en la ciudad de Madrid. Afortunadamente Ana está más que encantada de darle refugio a su anciana vecina en su casa “hasta que me echen a mí en el mes de julio”. Por supuesto, estas situaciones de inestabilidad, indefensión y abuso se manifiestan en las vecinas con cuadros de ansiedad y depresión, otra condición más desfavorables a un contexto ya de por sí atroz.

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El modo de operar de esta mafia neoliberal es claro: enviar individualmente a las vecinas el fin de su contrato de arrendamiento por medio del recurso del burofax, una forma de comunicación que es percibida como muy formal, legalista, y que asusta a las inquilinas. Negociar con engaños y amenazas de forma separada y atomizada. Ofrecer nuevos precios de alquileres que son inasumibles, conminando a las vecinas que si no pueden pagar ese “precio de mercado”, “tendrá que ir buscándose otra cosa”, como le han comunicado a la propia Ana. Una mafia que pretende negociar de forma separada, con amenazas, inculcando el miedo, intentado hacer creer a las vecinas que ellas son culpables de su propia precariedad, aprovechándose de sus debilidades e indefensiones, e infundiendo la idea de que contra las reglas del mercado nada se puede hacer.

 

Las vecinas unidas jamás serán vencidas

Contra esa praxis mafiosa, de un neoliberalismo impuesto desde arriba, sostenido por los grandes fondos buitres y de inversión, en el barrio de Lavapiés se está configurando otra praxis. Una praxis que nace desde abajo, desde la conciencia de la dignidad intrínseca de la propias vecinas, que concibe el derecho expresado en nuestra malograda constitución en el artículo 47 como un derecho fundamental frente a la sociópata lógica neoliberal que pretende consagrar el derecho a la propiedad privada como el primero y el más sagrado de todos. Esta praxis popular, nacida para luchar por la dignidad de las precarias, se basa en el apoyo mutuo, en la compañía y los cuidados, apoyadas por Movimientos Sociales de referencia como son los Bloque en lucha, el Sindicato de Inquilinas y la PAH.

Ana relata que ella misma viendo que la situación afectaba a su bloque en Toledo 77 y el de Santa Ana 6, creo un grupo de WhatsApp para organizar una asamblea común con todas las vecinas, y coordinarse con el Sindicato de Inquilinas. Su sorpresa fue que a la asamblea acudieron “más de 40 vecinas con ganas de luchar por su situación”, vecinas “que no estaban politizadas, y que estaban ahora dispuestas a todo”. A tomar estrategias comunes para enfrentarse al embate especulador y batallar por quedarse en sus hogares, en sus calles, a defender sus identidades y sus sentidos de barrio.

Ejemplos como el de Ana son una referencia. De cómo las vecinas con imaginación, valentía, solidaridad, empoderamiento y apoyos mutuos diseñan estrategias de combate y liberación en alianza con los Movimientos Sociales por la vivienda. La consecuencia está clara: “ya no estaremos nunca más solas”.

 

Y el miedo cambiará de bando

Pocas veces es entendido los procesos generados por la globalización neoliberal. Sus contornos son difusos, sus discursos oscuros y su actuaciones tremendamente violentas contra las más precarias. Impone fuerza de los mercados como único regulador social posible sobre las desasosegadas vidas de nuestros Barrios. Argumosa 11, con los desahucios de Pepi, Rosi, Juani y Mayra fue un claro ejemplo. Una tremenda violencia manifiesta que nadie comprendió. Pero como dice Sousa Santos [1] existen dos tipos de globalización: una impuesta desde arriba, protagonizada por los grandes capitales, las transnacionales y esa mafia representada por los fondos buitres. Su única lógica, ponerle precio a todo y convertirlo en una mercancía con la que traficar, todo un fundamento ideológico de destrucción: “El espíritu de Davos” como lo llama el profesor de Coímbra. Frente a esta globalización se alza otra, construida desde abajo, ascendente y cimentada por las comunes, que da significado a la diversidad e identidad propia a sus calles y barrios, toda una fuente de dignidad: “el espíritu de Porto Alegre”. Como bien dijo Rebeca Martínez, “si algo no ha enseñado lo ocurrido en Argumosa 11, es que el conflicto de la vivienda es un conflicto de clase” [2]. Un conflicto entre dos fuerzas enfrentadas en la globalización.

Argumosa 11 fue un hecho material consumado de la imposición de esa política del terror, pero también un símbolo. Pepi también se ha convertido en un símbolo para el barrio de Lavapiés como muy acertadamente se comentó en la asamblea realizada el pasado miércoles. Argumosa 11 y Pepi, es por ello, como dice Della Porta [3], un ejemplo de la importancia de que los Movimientos Sociales y sus vecinas den significado a los procesos que subyacen en todo conflicto. Que reconozcan los problemas sociales, que se generen estrategias de resolución antes sus problemas y que construyan motivaciones profundas para darle identidad a su lucha. La mafia neoliberal utiliza la estrategia del miedo para imponer su tenebrosa lógica destructiva y codiciosa, sin importarle lo más mínimo la destrucción que genera en los barrios, y que como buitres revolotean al asecho de sus presas. Para ello individualiza, separa y pretende generar un contexto de competición entre las precarias para mantenerlas desunidas. Por eso la tremenda importancia de un movimiento consciente de clase, construido desde abajo, solidario y comunitario, que luche por darle un sentido propio a sus barrios, una identidad particular y original compartida que no puede ser vendida, que genere estrategias de apoyo mutuo con los Movimientos Sociales y las vecinas, para tejer alianzas de resistencia y cuidados, y que se convertirá en una única voz que grite al unísono dignidad, y entonces, al fin, serán invencibles, y el miedo cambiará de bando.

La asamblea de Bloque en Lucha se reúne todos los miércoles a las 19:30 en El Banco Expropiado La Canica (calle Huerta del Bayo 2 -esquina calle Embajadores) . Y el Sindicato de Inquilinas los viernes alternos en el EVA siendo la próxima asamblea el 5 de julio.

 

Notas:

[1]  Santos, Boaventura de Sousa. (2010)  Para descolonizar occidente. Buenos Aires. CLAPSO. (pg. 11-12)

[2] Martínez, R (2019) Las lecciones de los desahucios en Argumosa, 11. Diario El Salto https://www.elsaltodiario.com/desahucios/lecciones-desahucios-policia-sanchez-carmena-argumosa-11

[3] Della Porta, D. Diani, M. (2019) Los Movimientos Sociales. UCM. Madrid.

Huáscar Sologuren es militante de Anticapitalistas Madrid.