Daniel Mulero |Familias enteras son abocadas a la marginación diariamente por un sistema que nos trata – en primera persona del plural porque es un problema que nos afecta a todas las clases populares – como residuos en un vertedero. No hay ni una pizca de humanidad en la sentencia y ejecución de un desahucio sin alternativa.

Badalona es una de las ciudades del Estado español con mayor número de desahucios. La gran mayoría de ellos se producen en la absoluta soledad de las personas condenadas al ciclo vicioso de la pobreza impuesta por el capital. Ya hace tiempo que de facto la vivienda dejó de ser un derecho, si alguna vez lo fue, para ser una mercancía. De la burbuja de las hipotecas a la burbuja de los alquileres, los desahucios no cesan.

Las Administraciones, en todos los niveles, se lavan las manos. “No hay recursos”, nos dicen. Pero sí los hubo para rescatar a la banca con más de 60.000M de euros, y sí hubo los suficientes para condonar 50.000M.

Ante tal situación, es la propia gente afectada la que se autoorganiza en plataformas, movimientos sociales, sindicatos de inquilinas, etc, para, a través del apoyo mutuo y la solidaridad, encontrar soluciones, alternativas habitacionales para nuestros compañeros de clase que lo están pasando peor. Recuperamos nuestra dignidad con una lucha de dimensiones titánicas, llena de gente admirable y valerosa que no se rinde ante las injusticias y las penurias que sufren diariamente.

Dignidad y admiración por la lucha de las familias que llevan acampadas des del 29 de mayo de 2019 para exigir una alternativa habitacional segura y estable. Familias con niños durmiendo en la calle. Familias con trabajos ultraprecarios a quien se les deniega poder entrar en cualquier Mesa de Emergencia por tener esos exiguos ingresos, aunque sean totalmente insuficientes para poder pagar ningún alquiler en Badalona. Simplemente haciendo un pequeño vistazo en las webs de pisos de alquiler, veremos que en los barrios populares y trabajadores de la ciudad la oferta de alquiler medio oscila entre los 700 y 800 euros. Inasumible para ninguna de las familias trabajadoras que han estado desahuciadas.

Aun así, ninguna de las familias se rinde. Gracias al apoyo de la PAC, organizaciones y movimientos sociales no solo continúan luchando sino que además se empieza a gestar una respuesta unitaria con distintas plataformas y movimientos de todo el territorio. En la misma acampada ya se celebró el pasado 1 de junio, una sesión preparatoria del Primer Congreso sobre la Vivienda en Catalunya así como diferentes actos con participación de otras organizaciones con la misma lucha en otras localidades. La conclusión de estos encuentros es clara: es necesaria una respuesta unitaria de todas las organizaciones. De forma conjunta y abriendo el espacio a otras luchas, no solo la de la vivienda. Hay esperanza, la batalla no está perdida. Porque mientras haya lucha en el presente seguiremos teniendo futuro.