Mario Araez | Para muchos jóvenes verano es sinónimo de festivales. Gran parte de nosotros acudimos a ellos para disfrutar con nuestros amigos y relacionarnos con personas de otros territorios. El número de asistentes, los grupos de música que van (que también son trabajadores del arte) o los “beneficios” que generan ocultan una parte de los festivales de la que se habla muy pocas veces: los/as trabajadores/as que hacen posible el funcionamiento. El objetivo de esta serie de artículos es dar voz a los que pocas veces son escuchados y denunciar la explotación laboral sistemática que se dan en la mayoría de los festivales.

Los últimos en abrir el debate sobre los trabajadores del mundo del espectáculo fueron los riggers del Sónar (festival de música que se celebra en Barcelona). Surgió a raíz de la nueva convocatoria para otorgar la concesión del montaje del festival a las empresas que se presentasen a concurso público. En la nueva convocatoria no aparecían las condiciones laborales conseguidas por los trabajadores gracias a la lucha sindical. Esto motivó una convocatoria de huelga que amenazaba la realización del Sónar. Los trabajadores no iban a ceder a chantajes y amenazas, por eso Fira de Barcelona decidió contratar a dos empresas (Fluge y Rigging BCN) para boicotear la huelga mediante la técnica del esquirolaje. Esto va en contra de la legislación española reflejada en el artículo 28.2 de la Constitución Española [1] y el artículo 6.5 del Real Decreto-ley 17/1977 que regula el derecho a huelga [2].

Esta experiencia deja un sabor agridulce porque queda demostrado que los empresarios no respetan ni sus propias reglas del juego, pero a la vez, se ha podido experimentar nuevas formas de organización sindical. Además, el conflicto laboral ha sido la principal causa por las que el festival ha perdido 20.000 espectadores. Los riggers de Barcelona han sido el primer sindicato de riggers y han convocado la primera huelga de riggers en todo el Estado. Han abierto una brecha que permite ver que hay formas de plantar cara a las promotoras de eventos.

El Sónar no es el único evento que se celebra en Fira de Barcelona y vulnera los derechos de los trabajadores. Hablamos del caso del Mobile World Congress cuyas críticas (en mayoría por parte del independentismo catalán) se han centrado en el rechazo a la presencia de Felipe VI. Las críticas a lo simbólico que representa la presencia del cabeza de la monarquía española son legítimas, pero se deja de lado la crítica a la precariedad y el sexismo que acompaña este evento.

Estamos hartos de escuchar en los medios de comunicación los beneficios que deja el MWC en Barcelona. Se habla de un impacto económico de 473 millones de euros, de la presencia de 107.000 asistentes, de 2400 empresas expositoras y de la creación de 13.900 puestos de trabajo. Pero ¿qué tipo de trabajo se está creando? ¿para quién son realmente los beneficios? En un informe, UGT Catalunya califica el Mobile World Congress como “Precarious Wok Congress”. Realmente esos beneficios van a parar a mano de unos pocos a costa de aplastar y exprimir a los trabajadores.

También hay que analizar estos eventos mediante la perspectiva de género: solo el 27% de asistentes son mujeres y solo 30% de las conferencias corren a cargo de mujeres. Es un evento pensado por y para hombres donde se reproducen estereotipos de género y siembran la semilla de la violencia machista.

Dando un repaso por los puestos de trabajo que se ofertan encontramos a las azafatas, que claro, solo se buscan mujeres. Tienen una jornada laboral de 12 horas consecutivas donde hay una sola pausa de 20 minutos para comer y no se permite ir al baño a las trabajadoras cuando ellas lo requieren. Si mides más de 1,75 cobras 7,2 euros brutos/la hora, pero si mides menos de 1,75 cobras 6,2 euros brutos/la hora. No parece real, pero la diferencia de altura marca que cobres más o menos en el MWC. La discriminación física no acaba aquí. Para las azafatas que vayan a trabajar en las zonas VIP del evento se requiere: talla 36/38, falda corta, maquillaje obligatorio, más de 1,75 m de altura y zapatos con tacón de 5 cm. En el caso de los camareros/as se exige tolerancia al estrés como eufemismo de ser capaz de resistir altas dosis de explotación, costumbre de aguantar gran volumen de trabajo y uniforme de trabajo propio.

Los nombrados son algunos de los empleos directos que se generan, pero también se generan indirectos como las camareras de piso que cobran 1,5 euros/la habitación y tienen que cargar con las exigencias de los clientes más exigentes y menos empáticos con los trabajadores. También hay ofertas de chóferes donde no se específica el sueldo a recibir, pero que suele ser bajo pese a estar trabajando prácticamente las 24 horas del día con el peligro que ello conlleva.

Estos eventos son unos de los muchos donde hay unas malas condiciones de trabajo. Por eso, este es el primero de una serie de artículos que buscan visibilizar a los/as explotados/as y señalar a las empresas que no respetan los derechos laborales conseguidos por la lucha del movimiento obrero.

[1] “Se reconoce el derecho a la huelga de los trabajadores para la defensa de sus intereses. La ley que regule el ejercicio de este derecho establecerá las garantías precisas para asegurar el mantenimiento de los servicios esenciales de la comunidad”.

[2] “En tanto dure la huelga, el empresario no podrá sustituir a los huelguistas por trabajadores que no estuviesen vinculados a la empresa al tiempo de ser comunicada la misma”.