ARRIMAR PALABRAS

Primero fue la mina quien te hurtó la niñez.

Luego, ya en el campo
los aperos de labranza y el ganado
fueron consumiendo la espiga de tu juventud

Más tarde, la contienda entre hermanos
y la injusticia después
te privaron del derecho a ilustrarte.

Yo conozco el nombre de las letras, me decías,
lo que no sé es arrimarlas para formar palabras.

Aprende, hijo, aprende y, cuando conozcas
el nombre de las letras y aprendas a arrimarlas,
te regalaré un libro para que puedas leérmelo.

Pero te fuiste abuelo, partiste
sin que yo hubiera aprendido a formar tus deseos.

Te marchaste ignorando
que en la piel de mi infancia
dejaste tatuado el más bello poema
que jamás he sentido.

(Eladio Méndez)