Pep Juárez | El colectivo de mujeres camareras de piso, las Kellys, han culminado dos días de huelga en Eivissa y Formentera, los días 24 y 25 de agosto. Ha sido una lucha contra corriente, pero su fuerza y determinación para denunciar la insoportable explotación que padecen, por parte de la industria hotelera, y la justeza de sus reivindicaciones, han provocado una auténtica onda expansiva.

Una tercera parte de las 6000 camareras de piso que trabajan en las Islas Pitiusas han secundado el paro, según datos de la CGT, único sindicato que ha apoyado la lucha. Pero más allá de porcentajes de participación, la huelga ha roto el silencio de muchos medios de comunicación, el desdén de los sindicatos del régimen y la actitud especialmente hostil de una patronal hotelera que se ha visto retratada al conocerse las infames condiciones laborales a las que somete a este colectivo de trabajadoras.

Así, las demandas de las Kellys que exigen el reconocimiento de sus patologías como las enfermedades laborales que son, la limitación de las cargas de trabajo diarias – aumentadas insoportablemente en los últimos tiempos – y la jubilación efectiva a los 60 años, se han oído con fuerza en los hoteles y en las calles de Eivissa, Sant Antoni, Santa Eulària, y en las manifestaciones de solidaridad en Formentera y Mallorca.

La huelga de las Kellys puede y debe suponer un punto de inflexión que destape definitivamente las condiciones de explotación laboral en una industria turística depredadora, que hace tiempo que parasita el conjunto de la sociedad balear en régimen de monocultivo, y que está detrás de leyes y demás decisiones institucionales, como una especie de gobierno en la sombra. Y es en este contexto, donde la solidaridad con la lucha de las Kellys nos refuerza a todas y todos.

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