LOS INDECIBLES

Esperamos tanto bajo el cielo
que se han ido derritiendo
en el recuerdo las palabras.
No sabemos cómo nos llamamos
porque hace meses
que murieron los pronombres.
Vivimos en los infinitivos,
en los adverbios sin lugar,
en un texto incomprensible.
No nos quedan adjetivos
para calificar el tiempo y sus pesares,
y tememos olvidar esta desgracia,
los colores del dolor,
lo que antes era injusto en el desierto
y empieza a no ser nada.
Somos miles de significantes sin significado,
portadores de mensajes extraviados
sin origen ni puerto de descanso.
Cómo vivir, cómo decirnos
con el alba cuando aprieta el hambre,
cómo decirte que soy yo,
que la boca de tus senos
sigue grabada desde entonces
en lo más profundo de la vida.
Acaso hemos perdido, y son ya tantos,
el derecho a pronunciar nuestro derecho,
a reencarnarnos cada día en las palabras,
a ser hombres y mujeres con historia…

Vuelve a llover.
A lo lejos, el mar, tan deseado,
su grisura, su libertad, su distancia…

Se mojan mis cabellos.
Se humedecen mis palabras.
Creer y esperar han empezado
a emborronarse.

(José María García Linares)