Joana Bregolat | El 15 de marzo de 2019 miles de estudiantes de todo el planeta salimos a las calles y plazas de nuestros pueblos y ciudades con una intención: situar en medio de la arena política la necesidad de decir las cosas por su nombre, de hablar de una vez de la crisis climática que vivimos. Somos una generación de jóvenes, estudiantes y precarias, que luchamos por una vida digna frente a un futuro que se nos ha robado. Se nos ha robado el futuro ante una premisa de crecimiento sin fin, de un mundo de recursos y vida infinita llena de lucro; se nos ha robado el futuro por no querer entender que nuestro sistema productivo capitalista esta en guerra contra la vida, que no puede aceptar la vulnerabilidad, la interdependencia y la ecodependencia que define nuestros cuerpos.

Desde ese caluroso día de marzo que llenamos las calles, nos constituimos públicamente como movimiento. Jóvenes de distintas trayectorias –de militantes del movimiento estudiantil o feminista a personas que nunca habían participado políticamente en ningún espacio– fuimos creando en barrios, pueblos, ciudades y provincias una organización radicalmente ecologista e internacionalista. Ante los impactos del cambio climático sobre nuestros cuerpos y realidades materiales, ante la certeza de que el sistema se esta cargando de forma acelerada y sin freno nuestro planeta y, por tanto, nuestras vidas, decidimos unir nuestras voces y exigir una reacción. Instituciones y mercados han seguido su camino de irresponsabilidad e inacción, nosotras el de movilización y denuncia.

Ahora ellas tienen la Cumbre sobre la Acción Climática de 2019 de las Naciones Unidas en Nueva York, y nosotras saldremos a las calles a llenarlas de vida. Su greenwashing y su mirada a corto plazo centrada en poner parches a una política económica de crecimiento a costa del 99% nos confronta. Plantean agendas climáticas que no cumplen ni quieren cumplir, plantean propuestas insolidarias a nivel global e intergeneracional, plantean un crecimiento verde en la misma base de expropiación, extracción y explotación del capitalismo salvaje. Nosotras tejemos resistencias populares ocupando las calles y las plazas, generando comunidad donde buscan atomización; poniendo en cada una de nuestras propuestas la sostenibilidad de la vida en el centro; y haciendo explícito que cambio climático ya está aquí, que no discutimos su existencia, sino que venimos a transformarlo todo, y solo podemos hacerlo desde la justicia climática.

Del 20 al 27 de setiembre tenemos una semana acelerada en el movimiento ecologista, será una semana donde medios, políticos y mercado hablaran del clima y el ecosistema en sus términos y nosotras no seremos menos. Estamos cansadas de que quieran hablar de nosotras o hacer de nuestro mensaje una exageración de juventud, no decimos nada que compañeras de los años setenta u ochenta no hayan dicho antes. No queremos que nos den la razón y neutralicen nuestra urgencia por vivir una vida digna, sea en Catalunya, en Brasil o en Mindanao. Haremos actos y talleres, generaremos debate y les discutiremos sus mensajes sin sentido, seremos visibles haciendo acciones de denuncia y manifestaciones que nadie podrá ignorar. Luchamos por el clima, por el futuro, luchamos para que la crisis no nos paralice y podamos transformarlo todo.