Oscar Blanco | Hacía semanas que en Catalunya se respiraba una calma tensa. A cada nueva información o especulación sobre cuando se iba a publicar la sentencia del Tribunal Supremo en el juicio contra 12 dirigentes políticos y sociales del independentismo la densidad de ese nerviosismo aumentaba. Todas las organizaciones favorables a la autodeterminación de Catalunya se preparaban para responder a una sentencia que se sabía injusta desde antes que el ahora archiconocido juez Marchena abriera la boca por primera vez en la Sala y ante la mirada atónita de millones de catalanes. Las detenciones del 23 de septiembre acabaron de caldear el ambiente. La epicidad de algunos planes (llevados con discreción) para el “Dia D” contrastaba con un estado generalizado de desencanto y apatía en la base social del independentismo y el soberanismo después de dos duros años de represión, desorientación y crisis estratégica.  Sin embargo, la sentencia llegó, previa filtración a los medios de comunicación difundida por diversos líderes políticos como Miquel Iceta y que demostraba (otra vez más) el estado de salud de la separación de poderes en el Estado español. La sentencia se publicó y lo cambió todo. 

A estas alturas todo el mundo sabe que 9 de los 12 acusados han sido condenados a penas de cárcel de entre 9 y 13 años. También habrá visto referencias a los comunicados de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, Ecologistas en Acción o el Sindicat de Llogateres, entre otras organizaciones sociales, dónde denuncian la criminalización de la protesta y se muestran preocupadas por el efecto que una decisión judicial como esta pueda tener en los ya débiles derechos civiles y políticos en todo el Estado. No es para menos. Se ha ya escrito todo lo posible sobre esta cuestión pero únicamente recordar que los hechos que le han costado 9 años de cárcel a Jordi Sánchez y Jordi Cuixart son una manifestación el 20 de septiembre de 2017 en la que trataron de enviar a al gente a casa por la noche y voluntarios de sus organizaciones intentaron velar por la integridad de los agentes de la Guardia Civil que se encontraban dentro de la Conselleria de Economía.

Tan obvio como el contenido de la sentencia era que esta iba a provocar una reacción de protesta por parte de la sociedad catalana. Era más imprevisible saber el alcance de la respuesta después de ciertos signos de desfondamiento del movimiento independentista ante la dificultad de encontrar nuevas vías para defender el derecho a la autodeterminación. Parte del repertorio de movilización estaba esclerotizado por la repetición y el exceso de perfomances y simbolismo. Amplias capas de la población, incluso de los más acérrimos defensores de la independencia, lo veían inútil. Como en 2017 la Intersindical-CSC y la Intersindical Alternativa de Catalunya se pusieron a trabajar en una convocatoria de huelga general que incluyera un contenido social y reactivaron la Plataforma 3-O mermada en la cantidad de entidades que participan y en su confianza después de algunas convocatorias infructuosas en solitario de la CSC. En esta ocasión no ha sido posible construir un consenso con otros componentes del sindicalismo como la CGT. Aunque, como decíamos, la publicación de la sentencia ha cambiado muchas cosas y algunas secciones de la organización anarcosindicalista, la sección del metro de Solidaridad Obrera y el sindicato de los estibadores (la OPEB) han apoyado la huelga del viernes 18.

Además, de la convocatoria de huelga se cocinaban otras iniciativas de respuesta a la sentencia. Las dos que se han ganado el lugar de centrales son por una parte, el Tsunami Democràtic y, por otra, las “Marxes per la llibertat” de la Asamblea Nacional Catalana. La primera es una plataforma tras un velo de secretismo para evitar la represión, que se presentó en sociedad ocupando sedes de empresas del IBEX 35 y que ha provocado un doble alubión de descargas. Primero de Telegram para seguir su canal dónde hay más de 320.000 seguidores y después de su aplicación propia que según datos de la propia plataforma ya superaba las 15 mil descargas y activaciones.  Se han escrito diversos hilos interesantes sobre el funcionamiento descentralizado de esta plataforma y su mecanismo de validación a través de redes de confianza que exige una autoorganización por abajo importante, pero no nos podemos extender en ello. El lunes Tsunami vació las Facultades para después llenar la Terminal 1 del Aeropuerto de El Prat en una acción de bloqueo masivo y no-violento que duró el resto del día. A partir de ese momento la normalidad no ha regresado a Catalunya y el relevo movilizador lo recogió la ya clásica triada ANC-Omnium-CDR, con especial protagonismo de los últimos. 

Martes, miércoles y jueves los cortes de carreteras y vías continuaron por toda Catalunya. Hasta más de 20 simultaneos en los momentos de más ebullición. En las vias del AVE y el tren convencional en Girona, las principales arterias de comunicación de la Catalunya Central, en Terres de l’Ebre o en otros muchos puntos de la geografia catalana. Un degoteo continuo de cortes, cargas policiales y vuelta a empezar en otro punto que recuerda a la Argentina piquetera. Desde el lunes los Mossos d’Esquadra y la Policia Nacional utilizaron la fuerza sin ningún miramiento. Cargas indiscriminadas, atropellos con furgonetas, disparos de proyectiles de foam y balas de goma (prohibidas por el Parlament de Catalunya)… Otra persona más ha perdido un ojo por el impacto de una bala de goma como Esther Quintana en la huelga general del 14-N de 2012 o Roger Espanyol el 1-O, un joven puede perder un testículo por las mismas circunstancias y un manifestante de 17 años está hospitalizado después de un escalofriante atropello por la espalda en Tarragona. Podríamos destacar muchas otras escenas de brutalidad y sadismo que han dejado la ya mermada credibilidad del conseller del Interior Miquel Buch en sus mínimos. El balance asciende a varios centenares de heridos, decenas de detenciones y 4 personas en prisión sin fianza como recoge La Directa. Una de las personas detenidas forma parte del Centro Social L’Obrera que ha denunciado la detención como arbitraria y los cargos como descabellados:

https://twitter.com/l_obrera/status/1184832449534156806

La respuesta de los manifestantes ha sido un cambio de paradigma dentro de las movilizaciones del ‘procés’ sin ser algo excepcional en las manifestaciones en Catalunya (sólo hay que recordar las manifestaciones por Can Vies, las huelgas generales del 2012 o otras muchas protestas) como tratan de ‘vender’ los grandes medios de comunicación. De la resistencia pacífica se ha pasado a prácticas de autodefensa activa y disturbios de diverso tipo. El foco se está colocando en la ciudad de Barcelona pero las protestas en Tarragona, Lleida, Manresa o Sabadell también están incluyendo enfrentamientos de similar magnitud entre policía y manifestantes. En contra de la imagen de violencia organizada que tratan de construir el Gobierno español, catalán y los grandes medios la lógica de estos incidentes es más bien un estallido de rabia protagonizado por sectores muy jóvenes de la protesta que podríamos llamar “Generación del 1 de octubre”. La composición y el repertorio no es muy diferente a los disturbios que siguieron la agresión policial a Theo en Francia, por poner un ejemplo. Hoy jueves hay una nueva doble protesta en Barcelona a la misma hora que se cierra este artículo. La concentración antifascista en Plaza Artós, dónde se reunen peligrosos grupos neonazis para salir de “cacería”, puede acabar con facilidad en incidentes. También hay unas “Olimpiadas Populares” con miles de personas ocupando el cruce entra Passeig de Gracia y la Diagonal, algunas de las vías principales.

Sin embargo, el movimiento enfrenta ahora un riesgo evidente de escisión en torno al debate, siempre artificioso, de la violencia con una campaña de criminalización que están suscribiendo dirigentes de ERC, Junts per Catalunya y portavoces oficiosos del independentismo civil. La violencia policial y la criminalización no han hecho retroceder la movilización y decenas de miles de personas han salido a la calle cada jornada. En Barcelona al menos 40.000 el martes y 22.000 el miércoles. De todas formas, si está opacando el protagonismo de una de las principales protestas: las marchas a las que ya nos hemos referido con anterioridad. 5 marchas salieron el miércoles con miles de personas participando desde Berga, Vic, Girona, Tàrrega y Tarragona en su primera etapa. La llegada a Manresa, una ciudad de 75 mil habitantes, de la columna de Berga reunió 15 mil personas. En la segunda etapa han crecido aún más. Mañana se sumara una sexta columna desde Castelldefels y las 6 entraran en la ciudad de Barcelona colapsando previsiblemente todas las entradas justo antes de la manifestación de la huelga general que arrancará desde Jardinets de Gracia. La combinación de huelga y marchas ha provocado por ejemplo que la fábrica SEAT decida cerrar durante 5 turnos en previsión de que sea imposible llegar hasta la factoria.

Es dificil preveer el seguimiento de una huelga que no tiene el apoyo de las centrales mayoritarias y ni siquiera ha conseguido la unanimidad entre el sindicalismo alternativo. Lo que es seguro es que el clima se parece más al del 3 de octubre del 2017 que al del 21 de diciembre de 2018 cuando las expectativas estuvieron muy por encima de la realidad. Los piquetes barriales han organizado actividad desde primera hora de la mañana y Facultades e Institutos llevan toda la semana en ebullición con ocupaciones en la UAB, la UPF o la UdLl y suspensión de actividades lectivas. Más allá de la jornada del 18 de octubre es aún más imprevisible que dinámica se puede imponer, pero parece por ahora se augura complicada una reconducción procesista de las protestas. Eso sí, nunca hay que dar por muerto al procesismo.