Jesús Jiménez | El pasado 13 de junio el joven marroquí Younes Bilal moría asesinado tras varios disparos por parte de un exmilitar en una cafetería de la localidad murciana de Mazarrón al grito de “no quiero moros en el local”. Tres días más tarde, una mujer en Cartagena fue apuñalada en la cola del economato de Cáritas tras la agresión, ¡Sudaca! ¡Nos quitan la comida!’

¿Dos casos aislados? Tiremos de hemeroteca:

El 2 de abril, la sede de Podemos Cartagena sufría su tercer ataque en menos de un año. Esta vez no se limitaron a hacer pintadas y pegatinas como las del año pasado que exclamaban “Al podemita dinamita”. En esta ocasión, fueron un paso más allá arrojando un cóctel molotov. La derecha no solo evitó condenar el ataque, sino que promovió elucubraciones sobre la intencionalidad de los actos. A las especulaciones de “autoatentado” del exdiputado Marcos de Quinto, hay que añadir las sospechas de “ataque autoinfligido” del diario digital ElEspañol basadas supuestamente, en la Brigada de Información. No importa que algunos medios de la región reculasen afirmando que esa hipótesis había perdido fuerza, el bulo ya estaba ahí. Para apuntalar el relato y asegurar que el bulo prevaleciera, un ejército de bots remató la faena.

En otros sucesos no fueron necesarios sistemas complejos de Fake News, bastaba con mentir muy alto. El papel de los medios de comunicación con más influencia de la Región de Murcia da prueba de ello. A lo largo del verano pasado, fue constante el bombardeo de titulares como “oleada de pateras” con posibles contagiados de COVID-19 y la reproducción acrítica de los mensajes de líderes de VOX que lo calificaban de “invasión”.  Pero esto no es ni mucho menos algo atípico.

Principios de 2017, una joven recibe patadas a la puerta de un Pub en Murcia “Me pegaron sólo por llevar una pulsera con la bandera de España”, así, sin tapujos. Tuvieron que pasar días para que se desmontara que esa chica era “La Intocable” y esa reacción era fruto de la impunidad que gozaban los grupúsculos neonazis para organizar cacerías. De nuevo, ya era tarde, solo un mes después La Intocable estaba reincidiendo mientras la Televisión Pública de Murcia, tomando la agresión como pretexto, organizaba una mesa redonda sobre tolerancia, en la que estaban invitados portavoces de la organización LoNuestro, vinculados también a los ultras del Real Murcia. Todo un ejercicio de equidistancia, en el que se limpiaba la imagen de un colectivo que acabó protagonizando ese mismo verano agresiones en el desfile por el día del orgullo LGTBI.

Además, este mismo año se hizo público la connivencia de esa organización con miembros del ejército, algunos de los cuales estaban destinados en Cartagena. No será aquí donde analicemos la correlación entre aquellos lugares donde hay actividad militar y caldo de cultivo de extrema derecha, pero recordemos las declaraciones de Ciudadanos de Uniforme y que el 1 de diciembre de 2018 Democracia Nacional organizaba en la misma ciudad unas jornadas con ponentes como Pedro Varela o Pedro Chaparro.

Por si fuera poco, a los medios con más tirada de la región, hay que añadir otros portales disfrazados de medios que se han dedicado al doxxing. Un ejemplo de ello fue la Tribuna de Cartagena, que compaginaba publicar los datos de antifascistas locales con la identidad de la víctima de La Manada. Otra vez más, machismo y fascismo se funden en uno.

Sigamos con los casos aislados: finales del año 2019, se encuentra un artefacto explosivo simulado en la puerta de un centro de menores migrantes de Alhama de Murcia, casi coincidiendo con el artefacto que fue colocado en el centro de menores de Hortaleza, Madrid. Allí, los medios de comunicación autonómicos también hicieron lo propio un mes antes, tildando como “protestas de vecinos” las convocatorias de plataformas impulsadas por neonazis.

Xenofobia, racismo, machismo, homofobia y odio a la izquierda, falta algo. El denominador común de los ataques ultraderechistas recientes no puede quedarse atrás, la islamofobia también tiene su hueco. En febrero de este año, con el atentado de Christchurch todavía latente, el Centro de Culto Musulmán Assafwa de San Javier sufrió un intento de incendio acompañado de pintadas como “Muerte al Islam”, y en Lorca, “las protestas de los vecinos han dado su fruto y no tendrán mezquita”, obligando a la comunidad musulmana a desplazarse a otra ubicación de la ciudad.

Si alguien piensa que bastará con educación para evitar que sucesos como estos vuelvan a repetirse, recordemos que desde hace tres meses la Consejería de Educación y Cultura fue regalada a Mabel Campuzano (expulsada de VOX), a cambio de su voto, clave para frustrar la moción de censura de PSOE y Cs contra el presidente murciano Fernando López Miras, del Partido Popular. Y que no se nos olvide, quienes fueron los pioneros en introducir el Pin Parental.


Así, haciendo un poco de memoria de los últimos 5 años podemos reconstruir una muestra de casos aislados sucedidos en un radio inferior a 50km, capaces de ensamblarse, alimentándose unos a otros. No entraré a analizar si el término “terrorismo de ultraderecha” es el apropiado para calificar todos estos actos, ni tampoco a abordar las condiciones de explotación que vive mucha gente migrante no solo en el campo murciano y que es el detonante de otras muchas agresiones, solo, situemos el foco en una serie de casos no tan inconexos que pueden volver a repetirse si no los atajamos.

Escrito por:

Jesús Jiménez