Paloma González | En apenas tres meses podremos volver a ver El cuento de la doncella. Una buena noticia que llega la misma semana en que nos abandona la autora de ciencia ficción feminista Úrsula K.LeGuin. La literatura y la televisión siguen necesitando de feminismo para ayudarnos a mirar el mundo de otra manera y, además, cambiarlo. La segunda temporada de la serie de HBO regresa con ese propósito a nuestras pantallas el 25 de abril de este 2018. El trailer adelanta que podremos disfrutar de la recreación de atmósferas como las colonias que Margaret Atwood – novelista también de ciencia ficción feminista y conocida por esta obra literaria- no llegó a desarrollar en la obra y de una continuación de la historia de su protagonista, Defred, más allá del final marcado por el libro con el que termina la primera temporada.

El cuento de la criada – tal y como se ha traducido en España – ha sido una de las revelaciones de 2017. Premiada como Mejor Serie de TV dramática en la pasada edición de los Globos de Oro, el guión narra un futuro distópico en unos Estados Unidos en los que la crisis ecológica (falta de recursos naturales y contaminación atmosférica) y reproductiva (hombres y mujeres en su mayoría han dejado de ser fértiles) han sido la excusa para implantar un gobierno totalitario y fundamentalista religioso en el que aquellas mujeres que todavía pueden dar a luz son esclavas de una casta política que dirige el país con el fin de darles descendencia.

Efectivamente, el argumento no es nuevo: muchas películas ya han tratado temas como el envejecimiento e infertilidad de la población como síntomas que los seres humanos podrían algún día experimentar a consecuencia del estilo de vida actual y la contaminación del planeta. Sin embargo, lo novedoso de la obra de Atwood es su capacidad para intuir como en un sistema capitalista en crisis, con falta de materias primas y mano de obra, la profundización del sistema patriarcal sería una de las vías de acumulación que antes se explotarían hasta llevar a su máxima expresión la desposesión de nuestros propios cuerpos. La pérdida de todos los derechos civiles, la prohibición del sexo no procreativo, la penalización del aborto, la violación de estas doncellas, mujeres de una clase inferior social, hasta que den a luz hijos.

Es así como la protagonista de este cuento, Defred, encarnada por Elisabeth Moss – Mejor Actriz de serie dramática también en los Globos de Oro -, enclaustrada ya en ese ambiente puritano, misógino y decimonónico para darle un heredero a una familia rica, nos cuenta cómo el mundo llegó a ese punto. Cómo lo que empieza con estados de excepción, racionamiento para las clases populares y medidas coercitivas hacia las mujeres – o con 60 millones de personas votando al candidato que afirma que una mujer que no satisface a su marido no puede servir a América, cosa que ha pasado en la vida real con Trump y no en la ficción – puede derivar en una régimen teocrático y dictatorial para un supuesto beneficio colectivo en la batalla por la supervivencia contra otras naciones. Así, como dice la protagonista, “nos despertamos cuando masacraron el Congreso. Tampoco cuando culparon a los terroristas y suspendieron la Constitución. Las escasas movilizaciones fueron más pequeñas de lo que cabía esperar”. Aunque es normal que no todo el mundo se levantase. “Mejor nunca significa mejor para todos. Para algunos siempre es peor”. Y es que las mujeres de los altos mandatarios del país, si bien también han sido desposeídas de muchas de sus libertades, no dejan de tener privilegios sobre otras mujeres. Algo que hace que El cuento de la criada no sea solo una serie feminista, sino una serie de clase.

Es interesante pensar si deberíamos alegrarnos porque la gente viva ficciones como esta todavía como una distopía o lamentarnos porque muchos no sepan reconocer lo que en esencia es a día de hoy o ha sido el cuento de nuestras miserias. Basta con recordar que la autora se inspiró en regímenes como el nazi o el estalinista para recrear la complicidad de las carcelarias o la sensación de vigilancia al estilo Stasi o que hay hechos como el cierre de fronteras que ya ocurren de manera diaria e impune y que cuestan la vida a millones de personas refugiadas. Ese es el miedo que reza esta historia: que un día nos despertemos con “la patada de sentir las cosas como habituales. Tal vez ahora lo que no nos parece normal o justo, con el tiempo se nos pase. Y peor lo tendrán los que no hayan conocido otra vida, porque ellos no podrán imaginar las cosas de un modo que no conocieron”. Al menos, por el momento, nosotras seguiremos viendo esta exquisita producción, tan cruda por lo de que realista y natural posee, con un escalofrío recorriendo nuestra piel.

Esta serie se convierte en toda una lección para aquellas que afirman que en términos de igualdad ya está todo superado. Aunque en la ficción no veamos nada de sobre la madre de la protagonista, activista feminista en los 70, el libro hace hincapié en aquellas mujeres que salieron a reclamar derechos por los cuales está claro que todavía debemos seguir luchando. Este cuento se hace así un relato necesario porque nos invita a pensar en resistencia, a buscar lazos de sororidad frente a los bastaros allí donde en apariencia no queda esperanza, pues “siempre hay otra persona, aunque no haya nadie”. Nolite te Bastardes Cardodorum.