Poder Popular | En el marco de un ataque general a los servicios públicos que se viene produciendo desde la crisis de 2008, el sector sanitario es una de las columnas vertebrales de la reducción del estado de bienestar, puesto que supone, junto con educación y pensiones, el grueso del gasto y también la columna vertebral del bienestar colectivo. Por ello, es fácil observar como el eje que subyace a la estrategia de los diversos gobiernos de la derecha ha consistido en una progresiva degradación que justifique el paso a manos privadas de la prestación de servicios públicos.

Dos estrategias con un único objetivo 

Ya desde principios de la década de los 2000, antes de la crisis financiera, comienza una campaña de desprestigio de lo público y reivindicación del sector privado en la que territorios como Madrid o Catalunya, bajo el gobierno de los adalides del liberalismo más caciquil, inicia un proceso de privatización de la sanidad que tiene como objetivo mantener la responsabilidad de los grandes costes a cargo del erario público y externalizar la prestación hasta el punto de que hospitales enteros pasarían a manos privadas. Este proceso, encabezado en Madrid por el gobierno de Esperanza Aguirre, da origen a la respuesta de Marea Blanca y es derrotado tanto en la calle como por vía judicial.

A partir de ese punto, el proyecto privatizador toma otra vía: en lugar de plantear la campaña en favor de la gestión privada, se pasa a minar de forma soterrada los hospitales públicos: se plantea la reconversión de La Princesa como un paso previo a su cierre, se recortan los presupuestos o se dejan pendientes las reformas imprescindibles para la atención sanitaria, en un deterioro progresivo que mantiene el mismo objetivo.

Marea blanca, plataformas: un sindicalismo social 

La marea blanca, surgida en pleno momento post-15M, supuso una nueva forma de movilización que unía a trabajadoras, usuarias y, en general, todas aquellas personas implicadas en la defensa de los derechos colectivos. Organizaciones como el MATS han tratado de darle continuidad a esa unidad de distintos sectores que bien se puede entender bajo la forma de sindicalismo social. En la síntesis de las luchas por el trabajo digno y la prestación de un servicio adecuado, y la reivindicación del derecho a la sanidad está una de las claves que permitió agregar a miles de personas y ganar la batalla para revertir los proyectos de privatización.

Pasado el momento de la oleada de movilización, la tarea de mantener la lucha parece estar sostenida por plataformas vecinales que están surgiendo en torno a los grandes hospitales, con una composición similar a la de las mareas y con los mismos objetivos.

Hoy, el principal enemigo es la descapitalización. En el caso del HGU Gregorio Marañón, cuya plataforma se lanza este miércoles, el presupuesto de 2015 estuvo en 450 millones, muy por debajo de los más de 500 que ha tenido en años anteriores, y por supuesto insuficiente para el buen funcionamiento de un centro tan necesitado de inversiones que sólo en 2017 sufrió plagas de insectos, inundaciones y derrumbamientos de falsos techos.

Con el lanzamiento de la plataforma de apoyo al HGU Gregorio Marañón se completan los grupos vecinales de apoyo, que ya estarán presentes en todos los hospitales de referencia.